Cómo está la vida
Mi abuela, además de ser una santa, es un termómetro pluscuamperfecto de la realidad política, mediática y social de España.
22/07/2025
Mi abuela, además de ser una santa, es un termómetro pluscuamperfecto de la realidad política, mediática y social de España.
Mi abuela, además de ser una santa, es la tecnología más avanzada que conozco para identificar el escándalo. En mi familia, no me pregunten por qué, detectar escándalos es algo que siempre se ha hecho muy bien. Nos da igual que sean de los íntimos, de los del vecino o de orden público. El caso es que hay cierto talento para prever y sobre todo para indignarse como Dios manda con la escandalera de turno.
Y entre todos los que componemos tan singular familia, ninguno como ella. Mi abuela, además de ser una santa, es un termómetro pluscuamperfecto de la realidad política, mediática y social de España. Lo hace sin inmutarse, sin darse importancia, consciente de su extraña habilidad, integrándola en la cotidianeidad de sus días con una humildad de la que ya podría aprender cualquiera dotado de un mínimo de sensibilidad. Como los verdaderos genios.
Vemos la tele, el presentador del informativo nos cuenta algo luctuoso o irreverente o indignante. Y aparece ella, lacónica. Certera. Cómo está la vida, nos advierte. No es una queja, es un lamento. Un Cómo está la vida nos pone en alerta, nos indica que algo realmente gordo ha debido pasar. Los Cómo está la vida de mi abuela son como los likes a las stories en estado de sobriedad; no se regalan a cualquiera, hay que ganárselos. A veces no sé si estoy con una señora de 85 años de Valladolid o con una ingeniera soviética en los años de plomo de la guerra fría. Ella identifica el caso, analiza el caso, resume el caso. Y si, por casualidad, en medio de la comida somos premiados con un Cómo está la vida, el procedimiento de actuación es claro. Detenemos los allí presentes el tenedor camino a la boca, que para comer siempre hay tiempo pero para escandalizarse son vitales los segundos inmediatos a la primicia. Seguimos guardando silencio franciscano sin importar la conversación previa, luego nos giramos hacia la matriarca de la familia y prestamos atención a la tele, con el corazón en un puño, por si todavía el reportero tiene detalles por contar. Se han llegado incluso a dar casos de desmayo en el salón ante un reportero que comentó Pero esperen, que aún hay más.
El Cómo está la vida de mi abuela es, ante todo, democrático. Entra muy bien con escándalos del tipo Santos Cerdán y Ábalos, pero también encuentra su hábitat natural en el terreno de los sucesos sórdidos. Lo morboso, lo relativo a las nuevas sexualidades o simplemente aquello alejado de una mínima moralidad exigible son también muy dados al lamento matriarcal. Y dependiendo de la cantidad de lexemas, muletillas, o adjetivos añadidos podemos deducir la gravedad del escándalo. Por ejemplo, un Ay por Dioooos -así, añadiendo muchas oes- cómo está la vida nos indica que estamos ante un caso de rotunda pegada.
Realmente, mi abuela, cuando dice Cómo está la vida, lo que quiere decir es cómo está España. A ella, unamuniana, le duele España. Aunque, siendo honestos, si unos misiles bombardean Crimea, o un terremoto sacude Japón o se estrella un avión en Indonesia, mi abuela no dudará en dolerse, efectivamente, del estado actual de la vida, que no es poca cosa ese dolor. Porque su corazón es universal y su empatía no entiende de fronteras ni de razas ni de idiomas. Su compasión católica por el prójimo y sus desgracias no se circunscribe únicamente a lo patrio. Ella, ya digo, es una santa.
Lo único que se puede sacar en claro con sus análisis de la actualidad es que la vida está, eso desde luego, ahora bien, ¡cómo está! Y yo, que ahora pienso que la vida está peor que nunca, si retrocedo atrás en los cajones más olvidados de mi memoria soy capaz de recordarla lamentándose de cómo está la vida toda la vida. O, al menos, toda mi vida. Y quizá las cosas importantes no sean las que nos enseña la tele ni tampoco aquellas causantes de sus comunes irritaciones, sino esas más sencillas y mundanas que vertebran nuestros días y dan forma a los recuerdos como los que yo tendré, inevitablemente, siempre que piense en ella. Y que mientras ella esté, y por mucho que el presentador del telediario se empeñe en decirnos lo contrario, la vida está muy bien.
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