Tengo algo que contarte
Elegimos Brasil. Y Brasil nos eligió de vuelta. Con la mejor de sus caras. De nuevo. Sin condiciones, sin pedir nada a cambio, solo dando y, sobretodo, sin dejar de sonreír.
27/02/2025
Por Marta Parera
27/02/2025Elegimos Brasil. Y Brasil nos eligió de vuelta. Con la mejor de sus caras. De nuevo. Sin condiciones, sin pedir nada a cambio, solo dando y, sobretodo, sin dejar de sonreír.
Probablemente Andrea tenía razón, Brasil es la mejor expresión del ser humano. O por lo menos lo que más se le acerca. Andrea percibe, siente e intuye más allá de cualquiera de los cinco sentidos. Por eso, dicho por ella me pareció la mejor de las definiciones para un escenario tan completo, basto y profundo. Capas de sabiduría recogidas en los gestos más cotidianos y en las formas más reconocibles.
Para mi Brasil son Lili y Ana. Y su gente. La gente con quien te conectan de la forma más generosa. Con la mejor de sus sonrisas. Con un corazón que solo bombea luz. Es imposible no sentirse abrazada.
El amor del bueno se reconoce rápido porque te envuelve y te atraviesa.
Cuando una mano se levanta: atienden. Ante un posible peligro: se avanzan. Frente a un perro atropellado en la carretera: se paran. Junto a un coche averiado en una estación de servicio: empujan. Pero sobre todo sostienen. Aportan. Intuyen. Agradecen. Conforman y transforman. El ejemplo impecable de grandes anfitrionas.
Pero no solo eligen bien las personas o se rodean de ellas. Tienen un ojo afinado para presentarte una tierra bella y arraigada al origen. Paisajes preciosos. Mesas con las mejores vistas. Los bares más Cariocas. Las fiestas más auténticas. Lugares con la mejor energía. Paseos en canoa rodeada de un tejido infinito de nenúfares. Y sobremesas que enlazan con sueños profundos y mantos de estrellas.
Hemos compartido atardeceres, descubierto la mata y zambullido en bahías. Hemos sido Río, escalado la Chapada y nos fundimos con Paraty. Las nubes se fueron. Despedimos anclajes. Nos sumergimos con pesos para dejarlos ir. Flotamos mucho y fuerte. La sal curó todo lo que picaba. Las rosas con canela y laurel nos purificaron. Los peces del agua más transparente que haya visto pellizcaron nuestra piel recordándonos que estamos vivas. Caminamos. Sudamos. No dejamos de reír. A carcajada limpia. Y el viento trenzó nuestros cabellos. Unos cabellos libres, como nuestras almas, como nuestros corazones.
Un vasto escenario, de naturaleza, cambiaba todo el rato para cambiarnos también a nosotras. Porque todo aquello que te pertenece te define. Tanto lo que ponemos en primera línea, en el escaparate, como aquello que escondemos en el último de los cajones.
Elegimos Brasil. Y Brasil nos eligió de vuelta. Con la mejor de sus caras. De nuevo. Sin condiciones, sin pedir nada a cambio, solo dando y, sobretodo, sin dejar de sonreír. Como dice Luz..”Bruto”. Es decir, brutal. Sí, México añadió mucho sabor y fuerza al viaje. Quién conozca a Luz lo sabe. Una bonita mirada a la vida, mucha garra y un humor veloz. El mejor elixir. La mejor arma de seducción.
Hay algo de antes que se ha perdido en muchos lugares. Ahí aun lo encuentras. Lo guardan, lo alimentan y lo mantienen vivo. Es imposible no sanar en Brasil. Es casi obligatorio hacerlo. Devolver todo eso que te es dado. Y tener ganas de seguir haciéndolo. Aprendiendo de ellos. Entendiendo que no vamos a ninguna parte. Que somos energía y que ésta nos rodea. Que formamos parte de algo único. Que somos una. De hecho, muchas.
Obrigada querida tierra, queridas amigas y querido azar.
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