Nuestro amigo Toro
Todos tenemos un “Toro’’ en alguno de nuestros círculos, acechando cuando se pone el sol, dispuesto a quemarse el alma otra vez y, si no lo tienes, amiga date cuenta: eres tú.
9/04/2024
Por Irene Esteban
9/04/2024Todos tenemos un “Toro’’ en alguno de nuestros círculos, acechando cuando se pone el sol, dispuesto a quemarse el alma otra vez y, si no lo tienes, amiga date cuenta: eres tú.
Suena una lista de Spotify completamente aleatoria y de repente otra versión de una canción que he escuchado millones de veces en todo tipo de contextos, desde festivales hasta bodas, de tugurios a gimnasios, de viajes en grupo en autobús a la calle Preciados. Otra versión y otra vez buena. ¿Cuántas existen? Joder macho, qué fuerte. Reza vamos niña, ven conmigo, vamos hoy a divertirnos y yo ya estoy dentrísimo. El “Toro” de Columpio Asesino una vez más, esa canción a la que no se le puede decir que no (porque algo tiene que no se le puede decir que no) versionada en punk, en techno, en hardstyle, en directo, qué más da. “Toro’’ es como ese amigo que te manda veinte whatsapps, diez directos por instagram y después te hace videollamada para comprobar que, efectivamente, es jueves y estás en tu casa. Es insistente porque puede, porque la moto que vende siempre funciona, porque no suele equivocarse (en los planes) jamás, porque si le sigues sabes que intensidad, haber, habrá. Aún siendo jueves.
Todos tenemos un “Toro’’ en alguno de nuestros círculos, acechando cuando se pone el sol, dispuesto a quemarse el alma otra vez y, si no lo tienes, amiga date cuenta: eres tú. No recuerda la última vez que se arrepintió de una jarana aunque siempre lo haga al día siguiente, se le olvida la cita del médico y la comida con su abuela. Tiene hambre, mucha hambre y el colega persevera “veeeenga vamos, que ya es jueveees, nunca fuimos delincuentes!’’- Tú piensas maldita sea, maraca loca piano ardiente -es sin duda el más canalla y liado de todos- pero claro, es responsable en el fondo -no demasiado porque es un cafre- pero claro, lleva un cartel de irresistible en la frente -claramente un seductor de base, que no un manipulador licenciado en la teoría del FOMO- y de repente estás metiéndote en la ducha a las once de la noche de un jueves de enero para salir a la calle al cuarto de hora con el pelo mojado. Mañana mala, verás, pero es que te voy a hacer bailar toda la noche nos vamos a Berlín no quiero reproches - no, no los quiere - y claro, se ha plantado en tu portal y en realidad mañana no madrugabas tanto, y claro, gafas negras en la noche vamos niña sube al coche.
El Columpio anunció este verano que se retiraba, por agotamiento (llorando estamos, las cosas como son); un agotamiento que tu colega no conoce ni conocerá, por lo menos, hasta dentro de una década o veinticinco años más. Igual ni eso. Y menos un jueves, por favor. Como las cien versiones que existen de tu amigo y de la canción -y las que vendrán- y menos mal, porque “Toro’’ no dejará de bailarse en todas las plazas, menos mal que siempre será un planazo, eterna, invencible, como El Columpio, toda la noche.
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