Premisa: Un tiempo sin distancia
Vivimos en una era donde la lógica del sistema ha colonizado la economía, la cultura, la percepción y el deseo. La obsesión por la inmediatez ha reducido el arte a un flujo incesante de estímulos medibles, programados para captar la atención durante segundos antes de ser descartados. Lo que no puede ser cuantificado cuanto antes, desaparece.
Pierre Bourdieu advertía que el gusto no es solo una cuestión individual, sino que se entrena dentro de un sistema de poder. En el turbocapitalismo, lo que desaprendemos es la paciencia para lo complejo, la capacidad de mirar lo que no se nos da masticado.
La consecuencia: El estancamiento disfrazado de novedad
Frederic Jameson describió la era actual como un tiempo donde es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. Este sistema ha logrado absorber y neutralizar cualquier intento de ruptura. La vanguardia ya no es perseguida ni censurada; es consumida y convertida en mercancía antes de que pueda alterar nada.
El resultado es un paisaje donde la repetición de lo mismo se disfraza de innovación. Si cada destello de originalidad es inmediatamente fagocitado por la industria cultural, ¿cómo escapar de este estancamiento?
Nuestro objetivo: Destruir contenido, generar ideas
sustrato nace como respuesta a esta deriva. No queremos producir más contenido para alimentar el algoritmo. Queremos destruir la lógica que lo sostiene.
La llegada de internet, como todo gran desarrollo tecnológico, ha transformado el mercado. El capitalismo ha fagocitado el entorno virtual, convirtiendo cada interacción en una oportunidad de consumo, cada gesto en una transacción y cada usuario en un escaparate de sí mismo. Sin embargo, renunciar a la virtualidad sería concederle su victoria definitiva al sistema. Internet sigue siendo un espacio de creación, de intercambio, de discurso. Un espacio-tiempo de oportunidad. No podemos abandonarlo, sino aprender a movernos por calles paralelas, donde la circulación no esté determinada por la mercantilización.
Nos posicionamos como destructores de contenido porque entendemos que la saturación no se combate con más acumulación, sino con una curaduría
radicalmente independiente, con propuestas que no buscan encajar en la maquinaria de producción masiva, sino desafiarla. No queremos competir por la atención, sino restaurar el espacio para la contemplación.
Recuperar la confianza: la alternativa a la lógica de la plataforma
Mark Fisher hablaba del realismo capitalista como una jaula que no solo limita lo que hacemos, sino lo que podemos imaginar. Si el arte ha sido subsumido en el entretenimiento acelerado, necesitamos espacios donde el criterio vuelva a importar.
Proponemos la vuelta de la curaduría y la mediación, de la confianza en que alguien ha seleccionado algo no porque sea viral, sino porque vale la pena. Creemos en espacios de conversación donde lo que se presenta no esté diseñado para la aprobación inmediata, sino para abrir preguntas, para incomodar, para durar y aportar algo distinto a nuestra cultura.
Entretenimiento y arte: no un reemplazo, sino una distinción
No despreciamos el entretenimiento. Sabemos que los productos de ocio mercantilizado, como los reality shows o los vídeos de formato corto, poseen una dimensión artística y cultural valiosa. Pero confundimos dos cosas distintas: el arte y el entretenimiento tienen funciones separadas. No queremos sustituir uno por otro, sino reconquistar el lugar del arte sin que este quede subordinado a la lógica del entretenimiento acelerado.
El arte no tiene por qué ser rápido, no tiene por qué ser inmediatamente placentero, no tiene por qué ser contenido.
Hacia una estética de la escasez
Nosotros, en cambio, no concebimos al espectador como un ser pasivo que debe ser rellenado con estímulos constantes. Confiamos en su capacidad de acercarse al arte con intuición, entusiasmo y curiosidad.
Por eso defendemos una estética de la escasez: menos, pero más significativo. Una ruptura con la ansiedad de la sobreproducción, una resistencia al vértigo de lo inmediato.
No queremos producir más contenido. Queremos destruirlo. Y, en su lugar, construir significado.