Farmacea II: droga
Para Enrique, el mejor φαρμακευτικός administrador del φάρμακον y del δρᾶμα
φάρμακον τό (sust.) 'medicamento', 'droga' desde micénico y Homero [φαρμᾰκ-]
nom./acus. sing. φάρμακον | gen. sing. φαρμάκου
1. 'medicamento', 'droga', 'veneno', tanto ingerido como de uso externo
- 1a. 'droga', con efectos benéficos o nocivos
- 1b. 'medicamento', 'remedio (medicinal)', 'medicina (medicamento)'
- 1c. en sentido amplio, 'remedio', 'alivio', a menudo con gen.
μνήμης τε γὰρ καὶ σοφίας φάρμακον ηὑρέθη
Plat.Phaedrus274e se descubrió un remedio para la memoria y el conocimiento (refer. a la escritura)
- 1d. 'veneno'
- 1e. 'remedio mágico', 'encantamiento'
σὺ μέντοι δοκεῖς μοι τῆς ἐμῆς ἐξόδου τὸ φάρμακον ηὑρηκέναι Plat.Phaedrus 230d tú sin embargo me parece que has encontrado el remedio mágico para mi salida
FEDRO.- Dime, Sócrates, ¿no está por aquí, en las márgenes del Iliso, el sitio donde Bóreas robó, según dicen, a la ninfa Oritia?
229b
Habíamos dejado a Fedro y Sócrates en la orilla del río Iliso bajo la sombra de un plátano a punto de comenzar a hablar de algo. Fedro le pregunta entonces a Sócrates si cree en los mitos.
FEDRO.- (…) Pero dime, Sócrates, ¿crees en tan maravillosa aventura?
SÓCRATES.- Y aunque lo dudase, como los sabios, no sería mucho de extrañar. Pudiera mostrar aquí los recursos de mi espíritu diciendo que el viento norte la hizo caer desde las rocas vecinas, donde jugaba con Farmacea, y que esta muerte dio lugar a la fábula de su rapto por Bóreas.
229c
Esta alusión a la ninfa Farmacea al comienzo del Fedro, que pudiera parecer accidental, pone en juego todo un mecanismo dentro del texto. Según el mito, Bóreas era el dios de los vientos del norte, fríos y tempestuosos; en consonancia con esto, su naturaleza era fuerte y su carácter, violento. Su tarea era traer consigo el invierno. Se enamoró de Oritía mientras ella jugaba en el río Iliso (el mismo en el que están refrescándose Sócrates y Fedro). Como el padre de ella prohibió la unión por el frío que Bóreas llevaba siempre con él, el dios decidió raptarla.
En la versión que el Fedro nos ofrece, Bóreas hace precipitarse a Oritía por unas rocas mientras juega con Farmacea distraídamente. Un golpe del viento del norte hace que Oritía caiga y tras ello lleva a cabo el rapto.

No se explica demasiado bien quién es Farmacea, ni tampoco queda muy claro su papel. Sin embargo, veamos dónde nos llega este hilo.
Algunos mitos la presentan como una ninfa que custodia una fuente de aguas medicinales cerca del río Iliso. Farmacea (φαρμακεία) se traduce también como “administración del farmakon”, es decir, de la droga que mana de la fuente. El phármakon es a la vez envenenamiento y hechizo, intoxicación y cura, perdición y remedio.

La atropa belladona se usaba en la antigua Grecia por sus efectos narcóticos. Al ingerirla, como efecto secundario las pupilas se agrandan y las mejillas se ponen rojas, por lo que las mujeres solían tomarlo a la llegada de los soldados para seducirlos y hechizarlos. Hoy se sigue usando en oftalmología para hacer estudios en los que es necesario ver el fondo del ojo.
“Un poco más allá, Sócrates, compara con una droga (fármacon) los textos escritos que Fedro ha llevado. Ese fármacon, esa medicina, ese filtro, a la vez remedio y veneno, se introduce ya en el cuerpo del discurso con toda su ambivalencia. Ese encantamiento, esa virtud de fascinación, ese poder de hechizamiento pueden ser -por turno o simultáneamente, benéficos y maléficos. El fármacon sería una sustancia, con todo lo que esa palabra puede connotar, en realidad de materia de virtudes ocultas, de profundidad criptada que niega su ambivalencia al análisis, preparando ya el espacio de la alquimia, si no debiésemos llegar más adelante a reconocerla como la anti-sustancia misma(…)”. PP. 102-103 Derrida.
No olvidemos que Fedro y Sócrates siguen debajo del plátano. Hasta ahora no hemos más que transitado por los márgenes del diálogo, que en realidad nos son dados por el diálogo mismo, que se presta a que nos perdamos en él y desviemos la atención a otros lugares que no son la trama principal. Bien. Hablando sobre el amor, los amantes y el enamoramiento, Fedro se dispone a exponer a Sócrates una postura al respecto. No es, sin embargo, una convicción propia, sino de Lisas. Fedro viene de su casa y trae con él un discurso escrito bajo el manto que recoge el testimonio de Lisias sobre el tema pero, como no está presente, se lo leerá a Sócrates para que a partir de ahí discutan.
FEDRO.- Admirable Sócrates, eres un hombre extraordinario (…). Al parecer no has salido nunca de Atenas, no solo para un viaje fuera de las fronteras, sino ni siquiera para pasear más allá de los muros.
SÓCRATES.- Perdona, amigo mío. Esto se debe a mi deseo de instruirme, y a que los campos y los árboles nada tienen que yo pueda aprender; no puedo adelantar más que en la ciudad, en la sociedad de los hombres, Con todo esto, creo que has hallado el medio de curarme de esa afición perezosa (…) tú, mostrándome este discurso y este cuaderno que lo contiene, podrías hacerme dar la vuelta al Ática y llevarme de una a otra parte si te lo propusieras. Pero, en fin, puesto que hemos llegado, voy a tenderme sobre la hierba. Escoge la posición que te parezca más cómoda para leer, y comienza.
230 d-e
La palabra que Sócrates usa para referirse a lo que aquí se traduce por “el medio de curarme” no es otra que “farmakon”. Lo que Fedro le da es un remedio y a la vez un veneno que le hace salir de la ciudad. Le muestra el discurso, el cuaderno, las hojas (de nuevo biblios) escritas. De alguna manera, las hojas del cuaderno, que dijimos que eran las mismas que las hojas del plátano, son las mismas que las hojas de plantas medicinales con las que se fabrica el farmakon.

“Operando por seducción, el farmakon hace salir de las vías y de las leyes generales, naturales o habituales. Aquí hace salir a Sócrates de su lugar propio y de sus caminos rutinarios. Estos le retenían siempre en el interior de la ciudad. Las hojas de escritura obran como un farmakon que empuja o atrae fuera de la ciudad al que no quiso nunca salir de ella, n siquiera en el último momento, para escapar a la cicuta. Le hacen salir de sí y le arrastran a un camino que es propiamente el éxodo”. P. 103 Derrida.
Otra de las acepciones que pueden serle atribuidas al farmakon, encontramos la de sacrificio. Robert Graves explica en Mitos I cómo un farmakon era una persona elegida para ser sacrificada fuera de la ciudad (donde se encuentran Fedro y Sócrates) como ofrenda a los dioses. Esta muerte, articulada en un movimiento en el que se sale fuera de la ciudad, fuera de la norma, era el precio a pagar, el mal menor, un efecto secundario, para conseguir estar más cerca de la divinidad.
Como cualquier droga, el farmakon le hace a una salir fuera de sí (y no sólo fuera de la polis).
ÉXTASIS έκ στασις (ek stasis)
ἐκ (ek, "fuera") + ἵστημι (hístēmi, "estar de pie").
Estar fuera de una misma.
ἔκστασις (ékstasis): desplazamiento, pasmo.
ἐξίστημι (exístēmi, "desplazar").

Vi un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo en forma corporal, lo que no suelo ver sino por maravilla (…) Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces, y que me llegaba a las entrañas; al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios.
Santa Teresa de Jesús en El libro de la Vida, cap. 29,13
Descripción del éxtasis místico o de la administración del farmakon por parte del ángel
¿Es salir fuera de sí un requisito para conocer? ¿Hace falta el impulso del farmakon para recibir la sabiduría y la gracia? Especialmente en la tradición mística, este salirse fuera de una, es necesario para poder llegar a la unión divina. Sócrates, en este caso, ha salido fuera de la ciudad lo que, en realidad es salir en cierta manera de sí mismo, de la tradición, de su cotidianeidad, de una manera muy concreta de hacer las cosas. Así, abre camino a que lo nuevo entre en él.
El texto como farmakon
“Esta asociación de la escritura y del farmakon parece aún exterior; podría considerársela como artificial y puramente fortuita. Pero la intención y la entonación son ciertamente las mismas: una sola y la misma sospecha envuelve, en el mismo gesto, al libro y a la droga, a la escritura y a la eficacia oculta, ambigua, entregada al empirismo y a la casualidad, operando según las vías de lo mágico y no según a las leyes de la necesidad (…)”. P. 106. Derrida.
Si la escritura es farmakon, ¿de qué pretende ser remedio? ¿Contra qué busca actuar como veneno? ¿Cuál es o pretende ser su efecto? ¿Y cuáles serán sus efectos secundarios?
La escritura, el texto, el discurso de Lisias que Fedro trae bajo el manto quiere ser un remedio, un farmakon, contra el olvido. El discurso es anotado porque Fedro no podría repetir las palabras exactas de Lisias a Sócrates. Escribimos para que no se nos olviden las cosas, para retener todo aquello que no cabe en nuestra memoria. Toda escritura es un intento de frenar el olvido y todo escribir una acto de salvación contra él; lo escrito queda y lo que queda no se olvida. Ahora bien, ¿qué hay de los efectos secundarios que, como todo farmakon, tiene este uso de la escritura?