Proust y las artes

Por
Paula Amo
20/3/2025

La exposición Proust y las artes que se puede visitar en el Museo Thyssen de Madrid hasta el próximo 8 de junio. Una catedral gótica a trazos rápidos quizás sea la imagen definitiva de la Recherche.

Hubiera querido publicarlo todo junto, pero ya no se editan obras en varios volúmenes. Soy como alguien que tiene una alfombra demasiado grande para las viviendas actuales y no tiene más remedio que cortarla

«Swann explicado por Proust» en Días de lectura

Pierre-Auguste Renoir (detalle)
Después del almuerzo
, 1879
Óleo sobre lienzo, 100,5 × 81,3 cm Fráncfort, Städel Museum© Städel Museum, Frankfurt am Main

La imperiosa necesidad de plantear una teoría estética, de ir un poco más allá, a partir de la obra de Proust choca con la imposibilidad que enseguida nos sale al paso al comenzar esta laboriosa tarea. Quizás, más que imposible, el trabajo resulta inasequible si tenemos en cuenta desde dónde lo realizamos: desde nuestra propia vida. El tiempo con el que contamos siempre es el de nuestra vida, la de cada una.

La propia la Recherche es en sí misma una teoría estética a la que Proust consagró – sacrificó, podemos decir- su propia existencia al intentar ponerla en marcha. Este proyecto propio en forma de novela al que como lectoras estamos invitadas, se desborda a sí mismo. La propia obra se construye y se deshace; se erige y se derrumba por momentos; se expande y se retrae; se eleva idealmente y se desploma después acostándose en su propia miseria; avanza y retrocede en el tiempo; acelera bruscamente y se frena al caer en las trampas que se pone a sí misma.

Fernando Checa, comisario de la exposición Proust y las artes que se puede visitar en el Museo Thyssen de Madrid hasta el próximo 8 de junio, se refiere a la obra de Proust como una novela total. Como tal, son muchas las disciplinas artísticas que en ella cristalizan. Todo, absolutamente todo, está permeado por las artes ya sea directa o indirectamente. Más que de influencias, aquí se trata de la naturaleza misma de las cosas tal y como son y se presentan a los ojos de Proust. 

La pintura es la disciplina del instante por excelencia. Paradójicamente, un momento muy concreto se hace infinito en el tiempo al ser plasmado en el lienzo en forma de escena. La efervescencia impresionista en la que estaba sumergido el París de la época hace aún más aguda esta alineación pintura-instante. Estos fragmentos de realidad, fragmentos de fragmentos, escenas de escenas, dan buena cuenta del ritmo frenético de la sociedad en la que Proust se movió. Se trata de una cuestión de velocidad, del momento preciso que detona y se escabulle. Una impresión -una sensación- a menudo es lo que en la novela acciona o da lugar a los diferentes mecanismos narrativos que la sostienen, pero, al tiempo, este primer estímulo se acaba diluyendo sin dejar demasiado rastro.

Fugacidad, velocidad, ligereza.

Paul-César Helleu, Interior de la catedral de Reims, Hacia 1892
Óleo sobre lienzo, 201,3 × 131 cm
Ruán, Musée des Beaux-Arts
© Agence Albatros /Réunion des Musées Métropolitains Rouen Normandie

Una catedral gótica a trazos rápidos quizás sea la imagen definitiva de la Recherche. En la modernidad ya no se construyen catedrales, pero se describen, se pintan. El andamiaje sobre el cual se sostiene la obra proustiana está forjado en la tradición, en una pesada herencia que se pone de manifiesto a veces a través de las costuras de la novela: en sus grietas, se divisa un esqueleto milenario. Al mismo tiempo, el torrente narrativo tiene un ritmo propio acelerado; el narrador habla desde su finitud y sabe que el tiempo se le acaba; como decíamos, el tiempo propio de cada una no es eterno (no es una catedral). Frente a esto: impresión apresurada, trazos rápidos, descripciones desesperadas dentro de nuestras posibilidades. El avance de la modernidad que se deja entrever en la Recherche es una catedral, más que en destrucción, en descomposición en trazos.

Proust tradujo y prologó La Biblia de Amiens, obra de su amigo íntimo y teórico de la Historia del Arte John Ruskin. En ella, se lleva a cabo un exhaustivo análisis de la evolución del gótico francés.

La muestra Proust y las artes reúne una selección de estos fragmentos del imaginario del autor: las impresiones de entornos naturales de la última etapa de producción artística de Monet, que tanto influyeron en las descripciones del autor (como por ejemplo el momento en el que aparecen las muchachas en flor en el segundo volumen por el paseo marítimo de Balbec); la escena de sobremesa de Renoir en Después del almuerzo que podría ubicarse en el jardín de la casa de Combray cualquier tarde de verano; Diana y sus ninfas de Vermeer en representación del arte flamenco -no olvidemos que Vista de Delft fue el cuadro favorito de Proust y que Swann, en la novela, se propone escribir un monográfico del pintor que nunca llega a terminar-; un gran número de retratos femeninos entre los que destaca el de Sarah Bernhardt (quizás inspiración para el personaje de la Berma, un actriz de teatro con la que el joven narrador se obsesiona) pintado por Clarin por el blanco de su vestido que parece llamarnos por nuestro nombre y, sorprendentemente, también una obra de Zuloaga, quien renunció a la vida bohemia de París para instalarse en Segovia: el retrato de la condesa Mathieu de Noailles, con quien Proust mantuvo relación. Además de pinturas, pueden encontrarse otras piezas entre las que destacan los manuscritos con notas de correcciones originales.

Georges Jules Victor Clairin, Retrato de Sarah Bernhardt ,1876
Óleo sobre lienzo, 250 × 200 cm
Paris, Petit Palais, Musée des Beaux-Arts de la Ville de Paris
© Paris Musées
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La exposición Proust y las artes que se puede visitar en el Museo Thyssen de Madrid hasta el próximo 8 de junio. Una catedral gótica a trazos rápidos quizás sea la imagen definitiva de la Recherche.

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Paula Amo
20/3/2025

Hubiera querido publicarlo todo junto, pero ya no se editan obras en varios volúmenes. Soy como alguien que tiene una alfombra demasiado grande para las viviendas actuales y no tiene más remedio que cortarla

«Swann explicado por Proust» en Días de lectura

Pierre-Auguste Renoir (detalle)
Después del almuerzo
, 1879
Óleo sobre lienzo, 100,5 × 81,3 cm Fráncfort, Städel Museum© Städel Museum, Frankfurt am Main

La imperiosa necesidad de plantear una teoría estética, de ir un poco más allá, a partir de la obra de Proust choca con la imposibilidad que enseguida nos sale al paso al comenzar esta laboriosa tarea. Quizás, más que imposible, el trabajo resulta inasequible si tenemos en cuenta desde dónde lo realizamos: desde nuestra propia vida. El tiempo con el que contamos siempre es el de nuestra vida, la de cada una.

La propia la Recherche es en sí misma una teoría estética a la que Proust consagró – sacrificó, podemos decir- su propia existencia al intentar ponerla en marcha. Este proyecto propio en forma de novela al que como lectoras estamos invitadas, se desborda a sí mismo. La propia obra se construye y se deshace; se erige y se derrumba por momentos; se expande y se retrae; se eleva idealmente y se desploma después acostándose en su propia miseria; avanza y retrocede en el tiempo; acelera bruscamente y se frena al caer en las trampas que se pone a sí misma.

Fernando Checa, comisario de la exposición Proust y las artes que se puede visitar en el Museo Thyssen de Madrid hasta el próximo 8 de junio, se refiere a la obra de Proust como una novela total. Como tal, son muchas las disciplinas artísticas que en ella cristalizan. Todo, absolutamente todo, está permeado por las artes ya sea directa o indirectamente. Más que de influencias, aquí se trata de la naturaleza misma de las cosas tal y como son y se presentan a los ojos de Proust. 

La pintura es la disciplina del instante por excelencia. Paradójicamente, un momento muy concreto se hace infinito en el tiempo al ser plasmado en el lienzo en forma de escena. La efervescencia impresionista en la que estaba sumergido el París de la época hace aún más aguda esta alineación pintura-instante. Estos fragmentos de realidad, fragmentos de fragmentos, escenas de escenas, dan buena cuenta del ritmo frenético de la sociedad en la que Proust se movió. Se trata de una cuestión de velocidad, del momento preciso que detona y se escabulle. Una impresión -una sensación- a menudo es lo que en la novela acciona o da lugar a los diferentes mecanismos narrativos que la sostienen, pero, al tiempo, este primer estímulo se acaba diluyendo sin dejar demasiado rastro.

Fugacidad, velocidad, ligereza.

Paul-César Helleu, Interior de la catedral de Reims, Hacia 1892
Óleo sobre lienzo, 201,3 × 131 cm
Ruán, Musée des Beaux-Arts
© Agence Albatros /Réunion des Musées Métropolitains Rouen Normandie

Una catedral gótica a trazos rápidos quizás sea la imagen definitiva de la Recherche. En la modernidad ya no se construyen catedrales, pero se describen, se pintan. El andamiaje sobre el cual se sostiene la obra proustiana está forjado en la tradición, en una pesada herencia que se pone de manifiesto a veces a través de las costuras de la novela: en sus grietas, se divisa un esqueleto milenario. Al mismo tiempo, el torrente narrativo tiene un ritmo propio acelerado; el narrador habla desde su finitud y sabe que el tiempo se le acaba; como decíamos, el tiempo propio de cada una no es eterno (no es una catedral). Frente a esto: impresión apresurada, trazos rápidos, descripciones desesperadas dentro de nuestras posibilidades. El avance de la modernidad que se deja entrever en la Recherche es una catedral, más que en destrucción, en descomposición en trazos.

Proust tradujo y prologó La Biblia de Amiens, obra de su amigo íntimo y teórico de la Historia del Arte John Ruskin. En ella, se lleva a cabo un exhaustivo análisis de la evolución del gótico francés.

La muestra Proust y las artes reúne una selección de estos fragmentos del imaginario del autor: las impresiones de entornos naturales de la última etapa de producción artística de Monet, que tanto influyeron en las descripciones del autor (como por ejemplo el momento en el que aparecen las muchachas en flor en el segundo volumen por el paseo marítimo de Balbec); la escena de sobremesa de Renoir en Después del almuerzo que podría ubicarse en el jardín de la casa de Combray cualquier tarde de verano; Diana y sus ninfas de Vermeer en representación del arte flamenco -no olvidemos que Vista de Delft fue el cuadro favorito de Proust y que Swann, en la novela, se propone escribir un monográfico del pintor que nunca llega a terminar-; un gran número de retratos femeninos entre los que destaca el de Sarah Bernhardt (quizás inspiración para el personaje de la Berma, un actriz de teatro con la que el joven narrador se obsesiona) pintado por Clarin por el blanco de su vestido que parece llamarnos por nuestro nombre y, sorprendentemente, también una obra de Zuloaga, quien renunció a la vida bohemia de París para instalarse en Segovia: el retrato de la condesa Mathieu de Noailles, con quien Proust mantuvo relación. Además de pinturas, pueden encontrarse otras piezas entre las que destacan los manuscritos con notas de correcciones originales.

Georges Jules Victor Clairin, Retrato de Sarah Bernhardt ,1876
Óleo sobre lienzo, 250 × 200 cm
Paris, Petit Palais, Musée des Beaux-Arts de la Ville de Paris
© Paris Musées
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